El texto que se analiza tiene por título “Justicia y Transparencia”, escrito por el profesor y director de la Clínica de Interés Público del Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide), Javier Cruz Angulo y publicada por el periódico El Universal del día 13 de marzo del 2011. Javier Cruz es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), así como colaborador de la División de Estudios Jurídicos y profesor asociado del cide, menciono lo anterior debido al enfoque jurídico que el autor maneja en su texto referente a los jueces penales.
Un juez penal es un funcionario judicial encargado de aplicar los procedimientos que norma la ley penal, ejerciendo jurisdicción como juzgador en diversas instancias; dentro de sus principales funciones está la de decidir si una persona ha cometido o no un delito, juzgándolo conforme a lo que ordene la ley o también decretando su libertad sin condena alguna como prisión o multa, es decir que dependiendo del grado del delito cometido de las personas, será la sentencia dictada por el juez. En esta nota se menciona la injusticia cometida (llámese corrupción o la investigación inadecuada de los delitos) por parte de los jueces penales hacia los acusados en distintos juicios, así como la mala interpretación por parte de los mexicanos hacia las funciones de la misma justicia en el país.
Hoy en día se han venido haciendo varios comentarios con respecto a lo antes mencionado, entre tantas cosas, a raíz del documental titulado “presunto culpable”, que de manera breve refleja algunos errores por parte de los jueces y las sancione que deciden dictar a los acusados, o de otro modo es como imaginarse el "mundo del revés", cuyas leyes en lugar de ayudar al desprotegido lo acorralan; casos como el que ahí se manifiestan son comunes y constantes en México. En el sistema penal mexicano todos los casos de delito se proceden bajo la premisa de que el acusado es culpable (o al menos en principio), y en ningún momento se apela a su inocencia. Aunado a esto, una serie de incongruencias y datos extraños proceden de las leyes y procedimientos penales del país: pruebas físicas que no se toman en cuenta, expedientes que se arman como el Juez lo dicta o como en este caso del documental, un hombre elegido al azar, acusado y sentenciado sin juicio por un crimen que no cometió.
A lo largo del texto, el autor maneja una analogía cuando nos indica la relación que existe entre un “juez y un árbitro”, utilizando esta estrategia discursiva principalmente para manifestar la idea de que los jueces deben llevar las reglas de cada juego como lo hace un árbitro, conforme a lo que maneje la ley, y hacer que esas mismas reglas sean respetadas por los ciudadanos. Sin embargo, la gran mayoría de los mexicanos ni siquiera tenemos una idea clara de las funciones que ejercen los jueces penales, por lo que no cuestionamos un partido, sino los resultados, culpando al árbitro por su papel que desempeñe, más que a los jugadores por lo que hacen (ministerio público-policía investigadora).
También hace uso del nosotros inclusivo, al referirse a que “nuestra sociedad no tiene que evaluar los procesos judiciales a partir de resultados que salen en los medios de comunicación”, el autor emplea el uso de este tipo de estrategia discursiva para demostrar una de las principales causas por las cuales la falta de criterio de la sociedad mexicana se ha visto limitada para juzgar en base a procesos judiciales, ya que no nos damos a la tarea de investigar, sólo aceptamos o rechazamos las resoluciones según nos parezcan buenas o malas (o por las ideas que nos vendan).
1. “Un juez penal tiene como función decidir en definitiva si una persona cometió o no un delito. La consecuencia: Un inocente toda una vida en la cárcel o un culpable en las calles”. Se aprecia la importancia de un juez ante la sociedad (como protector de la misma), cuyas decisiones tienen que ser analizadas en función de la gravedad de los delitos, de lo apegado a la ley y de la imparcialidad de los jueces.
2. “Los jueces deberían de ser como un árbitro en el deporte, haciendo que se respeten las reglas del juego. Si tenemos un pésimo equipo de futbol, no podemos esperar que ganen los partidos…es curiosa la similitud: árbitro vendido-juez corrupto”. El uso de esta cita me remite a pensar que la justicia del país entonces está tan vendida como la gran mayoría de los partidos de futbol, con la única y gran diferencia de que éste deporte tiene muchos fieles seguidores, mientras que la justicia del país entonces depende más de una opinión, que de un análisis de los delitos.
3. “La sociedad no tiene una idea clara de qué hacen los jueces, ni cómo, ni cuáles son sus funciones reales. Lo que sí tiene claro es que si le gusta la resolución, los jueces son héroes y si no, son malos”. Tanto la gran mayoría de las personas que han sido juzgadas y culpadas de lo que se les acusa, como aquellas que sólo se quejan de los “abusos cometidos por parte de las autoridades” (según su percepción) es debido a la mala información que en ellos se presenta, o a la ignorancia de los derechos que tienen como ciudadanos mexicanos.
La justicia del país no sólo depende de las funciones y decisiones que tomen los jueces penales, ni mucho menos pienso que sea mejor que cada persona haga justicia por su propia mano, sino por el contrario, tanto los jueces tienen la obligación de ser imparciales, como las personas de informarse. La justicia en México hoy se ha visto tan pisoteada como la seguridad misma, y es fácil buscar culpables entre el gobierno y la sociedad, sin embargo al país le hace falta la unión de fuerzas para un bien común, no señalar sólo culpas, sino dar verdaderas soluciones.
Por otra parte, la ignorancia (me atrevo a decirlo) de la gran mayoría de los mexicanos ha sido pieza clave para pasar por alto aquellas “injusticias” que se nos han presentado en juicios penales, estamos obligados a conocer nuestros derechos y deberes como ciudadanos, se debe analizar más que opinar de manera subjetiva. El texto que se analizó tiene la intención principal de presentar cómo la sociedad mexicana está tan acostumbrada a juzgar todo acto de justicia por sus opiniones más que por un análisis previo, además de la importancia de las decisiones de un juez penal con respecto a los acusados. El acto de habla predominante fue el de un consejo, pues marca constantemente el uso de consecuencias negativas, aunado a la petición de una imparcialidad real de los jueces y un criterio razonable por parte de las personas.

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