Este texto analizado lleva por título “Los ciudadanos inexistentes”, el cual fue escrito por Sara Sefchovich y publicado por el periódico El Universal el día 03 de abril del 2011.
Como bien sabemos, la jornada electoral ya ha iniciado oficialmente, pues cada vez tenemos más cerca las elecciones del 2012, por lo que las contiendas electorales, así como las estrategias políticas están presentes en todos los medios de comunicación posibles. Pero ¿qué pasa con la ciudadanía de México? Lo que la autora pretende demostrar es que la ciudadanía se encuentra olvidada, es decir que sólo se utiliza con fines electorales o como se diría cruelmente no importamos. La idea de la democracia, la cual sólo se encuentra presente en nuestro país a la hora de votar, tiene que verse como una constante sobre lo que queremos y necesitamos los ciudadanos; si entre los principios democráticos se encuentra el ejercicio de elegir a nuestros gobernantes y la gran mayoría de los mexicanos lo llevamos a cabo, entonces los políticos no han cumplido adecuadamente con sus funciones principales, las cuales son atender las demandas de los ciudadanos, pues lo que en verdad les interesa es “estar bajo el reflector, gastar dinero como locos, pelearse entre ellos y conseguir apoyo de los ricos”.
Como resultado de lo antes mencionado, la autora considera como verdadera democracia el “obligar a jefes y subalternos a que cumplan con su deber, el cual consiste en atender las necesidades y demandas de los ciudadanos”; entendiéndose por demandas y necesidades proporcionar servicios eficientes y ser atendidos adecuadamente en todas las ventanillas, ministerios públicos, delegaciones y clínicas de salud, así como solucionar problemas de suministros de agua, alumbrado público y drenaje que se pueden ver presentes en unas cuantas delegaciones del Distrito Federal y municipios de algunos estados de la República.
Es importante verificar (no creer) que los políticos cumplan realmente lo que prometen en sus campañas electorales, pues sí, efectivamente se nos menciona de manera repetitiva el “excelente” cumplimiento de sus tareas realizadas, pero la mayoría de los ciudadanos sabemos que sólo son discursos vacíos.
En el texto se enmarca repetidamente el uso del nosotros inclusivo contra el uso del pronombre ellos; la columnista los destaca como una manera fácil de manifestar lo que la ciudadanía realmente representa para los políticos de nuestro país a la hora de las votaciones electorales, así como el uso de frases adjetivas como veremos a continuación:
1. “Hemos denunciado repetidas veces la idea de democracia de nuestra clase política, la cual consiste en dejar de lado lo principal: que las autoridades, funcionarios y burócratas no cumplen con su deber principal que consiste en atender a lo que queremos y necesitamos los ciudadanos”. El uso del nosotros inclusivo que se manifiesta en esta cita permite distinguir el incumplimiento de las obligaciones de los altos cargos de nuestro país con respecto a las demandas de toda la ciudadanía del país, la autora maneja el uso de esta estrategia discursiva para incluir a toda la sociedad en una sola voz (cuando menciona “queremos y necesitamos los ciudadanos”).
2. “En este país los ciudadanos no importamos. Parece como si no tuviéramos gobierno ni gobernantes, autoridad ni autoridades”. Esta cita maneja de igual manera el nosotros inclusivo, pero le da peso a una valoración negativa, pues pretende demostrar que la ciudadanía no es tomada en cuenta por el gobierno y autoridades, lo que posiblemente haga pensar que los representantes del país y quienes velan por nuestra seguridad se han olvidado de sus funciones.
3. “Nuestra desesperación como ciudadanos es mucha”. Nuevamente maneja el nosotros inclusivo junto con una frase adjetiva, ambas apoyan a la autora para indicar el grado de inquietud de las personas de no ser tomados en cuenta por nuestras autoridades, o como ella lo diría mejor: ser olvidados por nuestros gobernantes.
4. “Los don nadie de la política mexicana somos todos nosotros, los ciudadanos abandonados, olvidados por los políticos. Ninguno de ellosnuestras causas ni les interesa hacerlo porque luce poco defender al ama de casa, al peatón y al automovilista, al vecino, etc.” Aquí se puede distinguir claramente el uso del nosotros inclusivo contra el pronombre ellos para referirse a “nosotros las víctimas, los olvidados, los don nadie” y a ellos (los políticos y gobernantes) “quienes detentan el poder, quienes se olvidan de sus promesas y el cumplimiento de nuestras demandas”. toma en cuenta
Después de analizar la nota “Los ciudadanos inexistentes”, podemos deducir y entender lo que Sara Sefchovich pretendía demostrar a sus lectores, me refiero a que nos hizo ver el verdadero significado de la ciudadanía para los gobernantes, la cual ha vivido con una venda sobre sus ojos y las manos atadas desde hace muchos años. Los ejemplos que fueron mencionados sirvieron para reforzar la posición que la autora pretendía, el uso del nosotros inclusivo fue manejado de tal manera para referirse a las inconformidades de la población mexicana, mientras que el uso del pronombre ellos, fue empleado para indicar a los políticos, funcionarios y autoridades que no han hecho nada en beneficio de la población, sino sólo para mantener su poder o incrementarlo.
La ciudadanía se encuentra cansada de vivir bajo un país donde sólo se le toma en cuenta para elegir a sus gobernantes, de vivir temerosos por la delincuencia en las calles, de tener una administración pública deficiente, de sobrevivir con salarios bajos mientras los políticos y altos funcionarios gastan fuertes cantidades de dinero en cualquier cosa que les plazca, o implementan nuevos impuestos “justificados” los cuales todos los ciudadanos tenemos que pagar, dejando más pobre al pobre y engordando las bolsas de todos los altos cargos. El país sigue sufriendo fracturas causadas por la incompetencia de nuestros gobernantes, de aquellos quienes se dicen ser “representantes de la ciudadanía mexicana” que velan por nuestra seguridad e intereses, la verdad es otra: los ciudadanos seguimos curando las heridas que la clase dominante ocasiona.


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